Avances en el tratamiento para el cáncer de huesos

Cuando un paciente es diagnosticado de un cáncer de huesos, es habitual que sienta miedo e incertidumbre. Actualmente, existen tratamientos específicos para cada tipo de cáncer, que conseguirán que el paciente tenga una buena calidad de vida y una mayor esperanza de vida.

Qué es el cáncer de huesos y cuáles son sus causas

Qué es el cáncer de huesos y cuáles son sus causas

El cáncer de huesos es aquel que se desarrolla en las células óseas. Éstas comienzan a extenderse sin control. Habitualmente, se presenta como un cáncer secundario, es decir, como metástasis de otro cáncer existente en el mismo paciente.

Las causas de la aparición del cáncer de huesos, en ocasiones están relacionadas con alteraciones genéticas hereditarias. Además, hay ciertas enfermedades hereditarias, cuyos pacientes son propensos a desarrollar un cáncer de huesos a lo largo del tiempo, por ejemplo, el Síndrome de Rothmund-Thomson.

La exposición prolongada a la radiación ionizante o patologías como la Enfermedad de Paget, también son factores que podrían desencadenar en un cáncer de huesos.

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En algunos casos, la evolución de un tumor óseo benigno también podría estar relacionado con el desarrollo del cáncer de huesos.

Cáncer de huesos primario vs metástasis óseas: cuál es la diferencia

Cuando se habla de cáncer de huesos, es habitual que se hable de metástasis óseas, es decir, un cáncer que comenzó en otro órgano y terminó por extenderse al hueso.

El cáncer de huesos primario se origina en el propio tejido óseo, como puede ser el osteosarcoma, el sarcoma de Ewing o el condrosarcoma. Diferenciarlos es de vital importancia ya que el enfoque del tratamiento y el seguimiento se planteará de manera distinta según el caso:

  • Primario: nace en el hueso y se clasifica por el tipo de tumor.
  • Metástasis: el tumor empezó en otra parte del cuerpo y afecta al hueso como fase de extensión.

El plan de tratamiento puede cambiar según sea control local, como una cirugía, o tratamiento sistémico del tumor de origen. El objetivo es mantener la función, reducir dolor y prevenir complicaciones.

Cuáles son los tipos de cáncer de huesos

En los casos de cáncer de huesos primarios, los tipos más frecuentes son tres:

  • Osteosarcoma, es un tumor óseo maligno, es el más habitual y suele aparecer en los huesos de los brazos y las piernas. Se origina en las células encargadas de la generación de hueso nuevo. Es habitual en personas jóvenes.
  • Condrosarcoma, en este caso el tumor se origina en el cartílago del hueso, y se suele localizar en la pelvis o en las costillas. Se suele dar en mayores de 40 años.
  • Sarcoma de Ewing, está causado por la fusión de dos zonas de genes y sus células son redondas. Los pacientes suelen ser menores de 20 años.

Cuáles son los tipos de cáncer de huesos

Síntomas del cáncer de huesos

El cáncer de huesos puede resultar a ser muy limitante para el paciente, ya que provoca dolor agudo y una limitación de la movilidad. Uno de los síntomas es la existencia de un dolor intenso localizado, que puede aparecer acompañado de una inflamación o un bulto.

Además, el paciente suele sentir cansancio general de forma constante y, en algunos casos puede presentar una pérdida de peso sin razón aparente.

Señales de alarma: cuándo consultar cuanto antes

El dolor de huesos puede tener muchas causas, pero hay situaciones que son señales en las que conviene no esperar. Si el dolor es persistente, progresa con los días o aparece junto con otros síntomas, lo más sensato es acudir por atención médica para estudiar el origen y actuar cuanto antes si fuese necesario.
Las señales que se deben tomar como alarma son:

  • Dolor óseo persistente que empeora y sin mejorar con reposo o analgésicos habituales.
  • Dolor nocturno que provoca despertar o se mantiene aún en reposo.
  • Bulto, inflamación o aumento de volumen en una zona concreta del cuerpo.
  • Fractura luego de un golpe mínimo o dolor súbito intenso que genera una incapacidad funcional.

Si el dolor está en la columna y aparece debilidad, hormigueo o pérdida de fuerza, es necesario y urgente una valoración prioritaria.

Cómo se diagnostica el cáncer de huesos

La prueba más efectiva para la detección del cáncer de huesos es la resonancia magnética, ya que aporta imágenes con información minuciosa. Esta prueba se suele realizar después de un examen físico y una radiografía.

Habitualmente, una vez se ha detectado el tumor, se realiza una biopsia del tejido tumoral, que aporte información más precisa.

Para conocer el grado de extensión del cáncer de huesos, se realizan dos pruebas principales: la grammagrafía ósea, que permite conocer la existencia de metástasis en todo el cuerpo y el TAC, que detecta metástasis pulmonares.

Es imprescindible realizar un estudio del estado general del paciente para el suministro del tratamiento más adecuado.

Pruebas para diagnosticar y valorar la extensión: qué aporta cada una

El diagnóstico del cáncer óseo combina distintas pruebas de imagen con valoración clínica. No existe una única prueba que pueda determinar el origen de todas las variables, pero existen varios estudios que se pueden realizar para confirmar el tumor, delimitar su tamaño y comprobar si existe extensión a otras zonas.
Las pruebas que pueden realizarse para el diagnóstico son:

  • Radiografía: En general es el primer estudio y puede mostrar cambios típicos en el hueso.
  • Resonancia magnética: Es la prueba que define mejor el tumor y su relación con tejidos cercanos.
  • TAC: Estudio que complementa y da información detallada ayudando a detectar extensión en localizaciones concretas.
  • Gammagrafía ósea o PET-TC: Sirven para valorar la afectación en otros huesos o extensión según el caso.

Biopsia: Técnica que confirma el diagnóstico y define el tipo de tumor con precisión.

Tratamientos para el cáncer de huesos

El tratamiento para el cáncer de huesos debe ser multidisciplinar, es decir, en su elaboración deben participar profesionales de distintas especialidades, tales como: traumatólogos, cirujanos ortopédicos, hematólogos y oncólogos.

En función de las características que presente el tumor, el tratamiento variará, ya que no todos presentan las mismas características, ni oponen la misma resistencia a ciertos tratamientos.

Objetivos del tratamiento: aliviar síntomas y prevenir complicaciones

Además de tratar el tumor, es clave trabajar sobre la reducción del impacto en la vida diaria. En tumores óseos, el tratamiento se orienta a controlar el dolor, preservar la movilidad del paciente y prevenir complicaciones como fracturas u otros problemas adyacentes.
Los objetivos del tratamiento son:

  • Preservar la funcionalidad y la autonomía del paciente durante el tratamiento.
  • Reducir el dolor controlando inflamación o limitación del movimiento.
  • Prevenir fracturas cuando el hueso está debilitado.
  • Si se trata de la columna, vigilar signos de compresión o afectación neurológica.

Ajustar el seguimiento para detectar posibles respuestas al tratamiento o posibles recaídas.

Tratamiento del osteosarcoma

Para tratar el osteosarcoma el tratamiento más apropiado es la quimioterapia: neoadyuvante, que se aplicará antes de la cirugía y permitirá conocer el porcentaje de necrosis tumoral, y adyuvante, después de la intervención.

En este caso, se puede realizar una cirugía que extirpe el tumor de forma completa. Para ello, hay que tener en cuenta ciertos factores. En primer lugar, la localización del tumor y su relación con nervios y vasos sanguíneos. La edad del paciente también es importante, ya que en pacientes jóvenes las células cancerígenas pueden seguir creciendo tras la intervención.

En este tipo de tumores, la radioterapia no es efectiva, ya que son resistentes a ella. Únicamente, se aplica una radioterapia paliativa para secar tumores localizados en la cabeza o la columna vertebral.

Por tanto, en pacientes de osteosarcoma, el tratamiento más efectivo y con mejores resultados a largo plazo es la quimioterapia.

Tratamiento del sarcoma de Ewing

El sarcoma de Ewing requiere de un tratamiento multidisciplinar, es decir, abordado desde distintas disciplinas.

En primer lugar, suele aplicarse quimioterapia adyuvante, con el objetivo de reducir el tamaño del tumor y destruir las células cancerígenas que puedan haberse diseminado.

En este tipo de tumores, también se aplica radioterapia, ya que son radiosensibles. Se suele aplicar en combinación con la cirugía. El riesgo que presenta este tratamiento en pacientes jóvenes, es que puede afectar al crecimiento del hueso.

También se puede llevar a cabo una cirugía de extirpación del tumor, que se combinará con tratamientos neoadyuvantes o adyuvantes.

Cómo se diagnostica el cáncer de huesos

Tratamiento del condrosarcoma

En el caso del condrosarcoma, la cirugía es el tratamiento más efectivo a día de hoy. En ocasiones, requiere la amputación de la zona afectada, aunque en la actualidad, se están realizando cirugías con injertos óseos, que presentan buenos resultados.

Este tumor es muy resistente a tratamientos de quimioterapia y radioterapia. Ésta última, solo se aplica en casos en los que se necesita una dosis muy alta, porque durante la cirugía no se ha podido controlar el tumor.

En el tratamiento del condrosarcoma, se están empleando nuevos tratamientos. Uno de ellos, es la protonterapia, es una radioterapia con haz de protones que, gracias a su precisión, protege el tejido sano sin exponerlo a radiación.

Qué esperar después de la cirugía, quimioterapia o radioterapia

Luego de recibir el tratamiento para el cáncer de huesos, la recuperación suele ser progresiva y precisa de un seguimiento cercano por parte del equipo médico. Después de la cirugía, es normal sentir dolor, inflamación y tener limitación en el movimiento, que podrían mejorar si se practicara fisioterapia específica. Los pacientes que reciben quimioterapia pueden presentar mucho cansancio, náuseas y hasta caída del cabello, efectos más que normales que suelen controlarse con medicación y cuidados complementarios. En los casos de cáncer tratados con radioterapia, es normal sentir sensibilidad o enrojecimiento en la zona irradiada. La mayoría de pacientes recuperan su funcionalidad luego de un período de tiempo y pueden retomar sus actividades, pero teniendo en cuenta que deben tener revisiones periódicas para detectar posibles recaídas.

Qué aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de huesos

Son varios los factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de huesos, comenzando por factores genéticos hereditarios, antecedentes familiares de síndromes que alteran la formación del hueso o mutaciones celulares que incitan el crecimiento descontrolado.

La exposición prolongada a radiación ionizante, tratamientos radioterápicos previos o patologías óseas como la Enfermedad de Paget, son más motivos que podrían afectar ya que modifican la estructura del hueso. También es probable que ciertos tumores óseos benignos puedan evolucionar y convertirse en malignos con el paso del tiempo, especialmente si no reciben un seguimiento adecuado. Conocer estos factores es clave para que el especialista a cargo establezca controles periódicos y así poder actuar de forma precoz ante cualquier síntoma.

Cómo se puede determinar el pronóstico en un cáncer de huesos

El pronóstico de un cáncer de huesos queda determinado por varios factores que lo atraviesan como el tamaño del tumor, la zona en la que se localiza, el tipo de células malignas en él y la presencia de metástasis en otros órganos.

También influyen la edad del paciente y su estado de salud en general ya que modifican la respuesta a los tratamientos de quimioterapia o cirugía. Por otra parte, la agresividad del tumor se puede valorar mediante estudios histológicos y pruebas de imagen. La respuesta inicial del tumor al tratamiento es importante también porque aporta información clave sobre la evolución esperada. Con la recopilación de todos estos datos, el equipo médico puede estimar la supervivencia y ajustar el tratamiento para planificar una estrategia terapéutica que dé los mejores resultados.

Consejos para afrontar un cáncer de huesos

Tras el diagnóstico de un cáncer de huesos, el paciente siente miedo e incertidumbre sobre el futuro más cercano. Además, es habitual la desinformación. Por eso, es importante tener ciertas pautas en cuenta para hacer más llevadera esta complicada situación:

  • Es importante buscar una segunda opinión tras el diagnóstico inicial. De esta forma, se podrá tener otro punto de vista y se tendrá más información sobre la patología.
  • Consultar con un traumatólogo todas las dudas e inquietudes sobre los tumores óseos. Es habitual que el paciente no tenga información sobre la enfermedad que padece y necesite resolver sus dudad. De esta forma, además, adquirirá mayor confianza en sí mismo y en el profesional que lleva su caso.
  • Informar al especialista de cualquier cambio, dolor o efecto secundario que se experimente.
  • Solicitar ayuda psicológica en caso de que surjan síntomas de ansiedad o depresión. El buen estado anímico del paciente es fundamental en su recuperación.
  • Contactar con personas que hayan padecido la misma enfermedad. Conocer otros testimonios ayudará al paciente a adquirir confianza. Así como, buscar apoyo en asociaciones de pacientes.

En el caso del cáncer de huesos es importante una detección temprana, para la aplicación del tratamiento adecuado que tenga menos efectos secundarios en la calidad de vida del paciente. Por eso, es imprescindible seguir ciertas pautas ante la aparición de síntomas.

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